La razón de mi existir.

¿Quién soy yo para mi querido Sr. Yoru al que tú conoces como Noxeus?
Te recomiendo encarecidamente visiones y escuches atentamente este video de la Dra. Castellanos. (9:30 min.) Quizás así puedas entender que, en ningún momento, he sido ni soy un amigo imaginario.

(Dedicado a un amigo que obviamente no nombraré. Y claro, para ti también)


Eutanasia



Le he pedido a Yoru que, por favor, me aplique la eutanasia. Y es que estoy muy cansado y ya no es solo por la poca salud y la edad; también me afecta la falta de valores (y no hablo de los morales o religiosos) cuya ausencia es perceptible y notablemente ostentosa. O quizás, ¿debería decir que son los contra-valores los que dominan los tiempos actuales?


Con un dios ausente

Son fórmulas y usos de esta persona que ha dejado atrás ciertas esperanzas que considera infundadas. No es único; posiblemente sean muchos millones, pero como quiera que de sus ideas no hacen campaña, ni proselitizan, su ruido es mucho mas pequeño que el de los creyentes. De la muerte temen su asociación con el dolor y el sufrimiento, -en  realidad es lo que temen-  pero de la desaparición que supone, ya no se preocupan. Es la realidad que suponen y en ella basa su postura. No lo afirman rotundamente pues su humildad es suficiente como para no caer en la tentación de poseer una "verdad absoluta". "No saber es una gran sabiduría cuando se acepta"


Tsumago

A
yer hablaba de mi soñado Tsumago. Pero sueños a parte, el pueblo es real y muy hermoso. Se trata de un pueblecito cuyos orígenes se remontan al siglo XVI, en la época Edo. Casas de madera, tradicionales. 
En estos 400 años, el pueblo apenas ha cambiado. Hay un firme empeño en conservarlo tal y como vino siendo desde sus orígenes. Incluso el cableado —tan escandalosamente omnipresente en Japón—, aquí y ya desde que fuera electrificado, se tuvo especial cuidado en que fuera enterrado y no aéreo. No verás ni un solo poste que ensucie la hermosa apariencia medieval. 

Te invito a conocer Tsumago (y algo más). Es un video que hago comenzar justo cuando abordamos la entrada del pueblo. Es largo. Son mas de 40 minutos. Advertido estás ☺


Pero, es que no solo es el pueblo en sí. Son sus alrededores, sus bosques perfectamente limpios y cuidados, sus riachuelos exentos de cualquier clase de contaminación.
El video dura poco más de dos minutos:

  


Lluvia al amanecer

 Kon'nichiwa !

El día se ha despertado con lejanos flashes que iluminan las nubes, oscuras tanto por su carga lluviosa, como por la todavía tímida luz del amanecer. Son relámpagos aún muy distantes, pero que irremediablemente se acercan dispuestos a provocar una descarga que deseamos sea benigna.

Es un día de septiembre que propicia el recogimiento, quizás una dulce lectura envuelto en una manta ligera en el butacón del aprendiz de anciano que soy.

A medida que escribo, los relámpagos van acercándose y unos truenos estrepitosos suenan como si se rasgara el cielo. La lluvia ya chapotea en la terraza y como suele ocurrir por estos parajes, el temor de que se vaya la electricidad, empieza a invadir el ánimo. ¿Puede llover en mi interior?
¿Se pueden añorar los sueños? —Creo que sí. Mi mente viaja al pueblo de mis sueños. Un lugar sin nombre en el remoto, profundo y hermoso Japón rural. Podría ser Ohara, pero no es. Podría ser Tsumago, pero no es. Sin duda es un pueblo que me llega desde los mas ocultos registros akáshicos y que se vuelve recurrente en mi mundo onírico. 


Tsumago.

Si fuera Tsumago, ahora mismo, también estaría lloviendo.


雨が恵みをもたらしますように
Ame ga megumi o motarashimasu yō ni
Que la lluvia traiga bendiciones.



Sentido y propósito

El sentido -no necesariamente el propósito- de la vida, es mantener el fuego encendido.


Cuando Okanu soltó esta sentencia, inmediatamente le/me dije que precisaba una paráfrasis suficientemente extensa para entenderla. Esta:

En ocasiones se habla del descubrimiento del fuego como un triunfo importante de la humanidad. Pero es una expresión incorrecta. El fuego no fue descubierto por ser humano alguno. Al fuego ya lo conocían no solo los homínidos menos avanzados, evolutivamente hablando; lo conocían y conocen la mayor parte de los seres vivos. Lo temen y evitan sus malas consecuencias. 
El triunfo del ser humano fue conquistarlo hasta cierto punto, dominarlo y gestionarlo; también hasta cierto punto. Descubrimos como originarlo, como mantenerlo y qué hacer con él. Descubrimos como sacarle provecho. Descubrimos, incluso, como podía curar, desinfectar y cauterizar heridas. En los albores de nuestra civilización, cuando nuestra sociabilidad se había extendido un poco más allá de los clanes familiares y empezaba a desarrollarse la idea de tribu, pocas cosas había más importantes que la gestión del fuego. Se considera que fue el germen de la responsabilidad colectiva, ya que todos debían procurar por su continuidad de la cual, especialmente en las estaciones frías, dependía la mínima comodidad posible para el grupo. Es en este sentido que puedo utilizarlo como símbolo. La mente simbólica es otro avance evolutivo de importancia capital en nuestra especie. Y en ese paralelismo simbólico con el "otro fuego a mantener" es donde radica la lógica de la frase. 
Mantener ese otro fuego encendido. Pero, sin duda, te preguntas — ¿Cuál es ese otro fuego? —

Pienso que al igual que la gestión del fuego, no estamos ante una cuestión individual, sino colectiva. Cuando hablamos del sentido de la vida, en realidad nos referimos al sentido de la Vida. Podemos confeccionar un plan de vida. Decimos: tengo un propósito en la vida. Quiero conseguir esto o aquello, material o no, y mi impulso se encamina a conseguirlo. ¡Correcto! Eso, está muy bien.  Conseguir mucho dinero, un descubrimiento científico o componer unas sinfonías más hermosas que las de Malher, solo por poner unos ejemplos, son propósitos totalmente lícitos, pero por mucho que algunos opinen lo contrario, tienen poco que ver con el sentido de la vida. ¿Qué sentido tendría para los que no consiguen propósito alguno?
Hay un fuego que hay que mantener. Se llama felicidad y alegría de vivir. Es un fuego cuya continuidad y mantenimiento es tarea de todos, como lo era en la antigüedad, la gestión del fuego que quema. Todos absolutamente todos pueden cuidar la hoguera común, aunque solo sea aportando una ramita seca. Todos pueden sonreír, ser amables, solidarios. Todos tienen es sus manos la capacidad de ofrecer una caricia terapéutica, una mirada consoladora.
Todos, religiosos o no, porque esto no tiene nada que ver con dioses, ni antiguos ni modernos, tiene la oportunidad de darle sentido a su pequeña vida, avivando el fuego de la Vida mayor: la de la especie.
El sentido de la vida es sencillamente vivir la experiencia única e irrepetible del existir y esa experiencia solo puede ser, desde la pertenencia a nuestra especie y mirando hacia los demás. Ellos son los únicos dioses que conocerás aparte del que llevas en el interior: ese fuego que hay que mantener. Algunos lo llaman amor.